miércoles, 1 de noviembre de 2017

ENTREVISTA CON STEVE KEEN

Profesor de economía en la Universidad de Kingston, crítico postkeynesiano de la economía neoclásica y experto en la hipótesis de la inestabilidad financiera de Minsky. Es el autor de La economía desenmascarada y una de las voces que anticipó la crisis de 2007. Puedes seguirle y apoyar sus proyectos en www.patreon.com/profstevekeen

ANDRÉS LOMEÑA: En La economía desenmascarada, usted señala que la mayoría de los errores y sesgos de la escuela neoclásica son falacias de agregación. Explica, por ejemplo, que la curva de la demanda no es necesariamente decreciente, sino que puede adoptar casi cualquier forma. ¿Cuál es la crítica a la economía neoclásica más aceptada? ¿Qué reacciones ha tenido su obra?
STEVE KEEN: Tienes razón en que la mayoría de los errores de la economía neoclásica se reducen a falacias de agregación. Hay dos razones para entender por qué sucede esto. En primer lugar, los neoclásicos lo intentan derivar todo de sus elegantes fundamentos microeconómicos, que son empíricamente falsos. Sabemos por la teoría de sistemas complejos que eso no se puede hacer: “La psicología no es biología aplicada”, por citar al Nobel de Física Philip Anderson. En segundo lugar, incluso si esas inferencias fueran posibles, imposibilitaron las agregaciones al partir de una teoría subjetiva del valor.
Los jóvenes estudiantes de economía parecen estar muy influenciados por La economía desenmascarada, lo cual me halaga, ya que ellos han sido uno de mis dos objetivos principales (el otro público al que me dirigía estaba compuesto por los activistas de áreas como el cambio climático, la lucha contra la pobreza o la justicia social, enterrados con frecuencia por el discurso de los economistas). Hay una aceptación bastante extendida de mis críticas a la economía neoclásica por parte de economistas no neoclásicos, así como de mis críticas a la economía marxista por parte de no marxistas. Los neoclásicos rechazan todas las críticas excepto una que ellos mismos desarrollaron y las banalizan en lugar de tomárselas en serio. Los marxistas se comportan del mismo modo respecto a las críticas de la teoría del valor-trabajo.
Dentro de la economía neoclásica, la única crítica que han aceptado es la del llamado teorema de Sonnenschein-Mantel-Debreu según el cual no podemos derivar una curva de la demanda del mercado descendente simplemente añadiendo curvas de demanda de individuos heterogéneos que consumen bienes heterogéneos. Los neoclásicos tergiversaron la conclusión y sostienen que es válido usar un “agente representativo” o asumir que todos los individuos tienen curvas de Engel lineales y paralelas, lo que significa que se asume que todos los bienes y todos los consumidores son idénticos (curvas de Engel lineales y paralelas quiere decir que el consumo no cambia cuando cambian los ingresos, lo que implicaría que no hay bienes de lujo ni necesidades).
Es irónico que los neoclásicos hayan terminado por evitar la crítica a sus teorías asumiendo una condición que socava sus propios fundamentos. Si todos los bienes son idénticos, entonces no tiene sentido el concepto de “precios relativos”, que es una creencia cuasi religiosa. Además, en sus propios círculos están deseando admitir que algunas críticas importan (como en algunas discusiones sobre el teorema de Sonnenschein-Mantel-Debreu), pero cuando un outsider como yo señala las posibles implicaciones que tienen, simplemente te insultan. Aquí tienes algunos casos representativos que ocurrieron en 2012:

http://www.creditwritedowns.com/2012/04/banks-matter-krugmans-barter-mysticism.html
http://krugman.blogs.nytimes.com/2012/04/02/oh-my-steve-keen-edition/
http://www.debtdeflation.com/blogs/2012/04/04/krugman-apologises/

Los neoclásicos se comportan como trolls con sus críticos y esos ataques solían funcionar antes de la crisis financiera porque el público aceptaría que eran expertos y que los críticos estábamos muy mal informados. Después de la crisis global de 2008 ya no pudieron escabullirse, aunque tienden a comportarse del mismo modo.
En cuanto a las demás críticas, aquellas desarrolladas por otros economistas no neoclásicos como Piero Sraffa (más la que yo añadí sobre las falacias lógicas de la competencia perfecta marshalliana), los neoclásicos las rechazan o argumentan que han hecho cambios a la teoría que las tienen en cuenta. Respecto a mi crítica, confunden la teoría de juegos de Cournot (que es matemáticamente válida, aunque sea localmente inestable) con la de Marshall, que era la que yo estaba criticando, y ya de paso me menosprecian. Es frustrante, pero no es diferente a intentar convencer a los mormones de que el libro de los mormones es una fantasía.

A.L.: Conozco a muchos economistas que se han formado con el manual de Mankiw, que usted desaprueba. ¿Qué libro recomendaría a los estudiantes para que aprendan macroeconomía? ¿Y para la microeconomía? Le preguntaría por la mesoeconomía, pero ni siquiera tengo claro que sea un campo relevante para usted.
S.K.: Para llegar a ser economista, primero sugeriría aprender dinámica de sistemas, si es que se imparte en tu universidad, o hacer cursos básicos de matemáticas (cálculo básico y álgebra, así como ecuaciones diferenciales, incluyendo las propiedades básicas de los sistemas no lineales de tercer grado), y también estudiar historia y centrarse en los siglos que van del XVII al XIX, lo que incluirá la evolución del capitalismo (recomendaría un curso en historia económica, pero la mayoría de las universidades ya no los ofrecen). Luego lee un libro sobre la historia del pensamiento económico como el de Bruce Caldwell. Por último, puedes leer mi libro y también el de John Blatt sobre dinámica de sistemas económicos.
La microeconomía es inútil tal y como se enseña en los manuales. Es mejor leer la teoría del precio del postkeynesiano Fred Lee, que abarca setenta años de investigación empírica de las estructuras de costes de las empresas reales, lo que no guarda ninguna relación con los modelos de broma que salen en manuales como el de Mankiw.
El concepto meso es sensato. La interacción de muchas entidades diferentes genera lo que nosotros observamos como macroeconomía y la idea que implica lo meso sobre las relaciones entre los individuos y las dinámicas agregadas es significativa.

A.L.: ¿Los postkeynesianos intentan crear una economía alternativa completa?
S.K: Estamos intentando desarrollar una economía alternativa para reemplazar la neoclásica del mismo modo que Brahe, Kepler, Copérnico, Galileo y Newton desarrollaron una alternativa a la cosmología ptolemaica. El problema para lograr esa finalidad es que los postkeynesianos no comparten una teoría del valor como sí hacen los neoclásicos o, de un modo muy distinto, los marxistas, así que hay muchas disputas entre los postkeynesianos para producir una visión coherente y aceptada de la economía. Lakatos dijo que los programas de investigación científica tenían un núcleo de creencias que los definían: los neoclásicos y los marxistas lo tienen, los postkeynesianos aún no.

A.L.: ¿Cuál es su postura frente a los bienes Giffen? A propósito, no le pregunto por otros conceptos porque se escapan a mi entendimiento, así que igual le conviene publicar una versión abreviada y sencilla de La economía desenmascarada.
S.K.: El concepto de los bienes Giffen fue un intento de explicar la gran hambruna irlandesa desde una perspectiva neoclásica y son un mito: están para que parezca que la regla siempre es la curva de la demanda descendente, pero tal y como sostengo en el libro, los neoclásicos ni siquiera pueden inferirla de su propia teoría.
Tengo presión en dos direcciones opuestas: algunas personas quieren que escriba una versión simplificada y otros que publique una versión con todos los desarrollos matemáticos. Supongo que debería hacer las dos, pero el problema es dónde hallar el tiempo para hacerlas.

A.L.: ¿Qué puede anticiparnos de la tercera edición de su obra?
S.K.: Añadí muchas críticas a la macroeconomía de los neoclásicos en la segunda edición y mostré un poco de la alternativa monetaria postkeynesiana. Desde entonces, como tuve que diseñar el software de Minsky, he aprendido mucho sobre dinero y modelización monetaria, así que cambiaría sustancialmente los capítulos sobre la teoría monetaria.
También reordenaría el libro. Ya no necesito la visión general del mundo que aparece como punto de partida, ya que la crisis volvió a la gente mucho más abierta a aceptar que debían existir sesgos en la teoría económica si apenas advirtió el mayor acontecimiento económico del pasado siglo (tampoco se predijo la Gran Depresión). Empezaría con todas las cosas que son categóricamente verdaderas: las empresas dan con los costes unitarios decrecientes cuando aumentan la producción, los consumidores no maximizan la utilidad, los bancos, el dinero y la deuda son esenciales en el capitalismo, el equilibrio es algo más bien dinámico en el sentido que le dio Keynes, y así sucesivamente. Y luego abordaría las críticas.
También añadiría muchas ideas sobre la energía. He encontrado el modo de incorporarla en los modelos de producción durante el último año, y eso haría más fácil tener secciones en el libro sobre energía y ecología.

A.L.: Recomiéndenos un libro.
S.K.: Los desposeídos de Ursula K. Le Guin. Es una historia de ciencia-ficción, lo que permite a la autora explorar conceptos que serían muy difíciles de imaginar en un plano más realista. La novela es magnífica.

A.L.: Una película.
S.K.: Los héroes del tiempo de Terry Gilliam. Una comedia fantástica y descabellada al estilo Monty Python.

A.L.: ¿Paul Krugman o Stiglitz?
S.K.: Stiglitz. Al menos Joe sabe que hay alternativas al DSGE [equilibrio general dinámico estocástico] y al modelo IS-LM.

A.L.: Díganos algo positivo sobre el euro.
S.K.: El diseño de los billetes está muy bien. Cuando se vuelvan obsoletos y las economías europeas vuelvan a las monedas nacionales que nunca debieron abandonar, los viejos euros serán útiles para decorar o empapelar.

A.L.: ¿Qué le viene a la mente cuando escucha hablar sobre la teoría monetaria moderna?
S.K.: Muchas cosas, aunque sobre todo la importancia de tener una comprensión realista de la creación del dinero. Es absurdo que la escasez sea lo más fácil del mundo para crearlo, pero también es importante tener más de una perspectiva en economía. La TMM te permite entender algunas cosas sobre la creación de dinero y sobre la ausencia de restricciones monetarias en el gasto gubernamental. En cambio, no te permite comprender las complejas dinámicas de una economía capitalista. Para eso necesitas conocimientos en sistemas dinámicos y complejos.

A.L.: ¿Qué opina de una Renta Básica Universal?
S.K.: Estoy a favor por varias razones. La principal es que asumo que la robótica y la inteligencia artificial reemplazarán la mayoría de trabajos productivos actuales, trabajos que estén directamente relacionados con la creación de bienes y servicios reales. Muchos trabajos, por no decir la mayoría, merecen la caracterización que David Graeber acuñó: trabajos de mierda. Alrededor del ochenta por ciento del empleo actual no produce ningún resultado físico y algunas actividades están asociadas a la creación de deuda.
Muchos postkeynesianos apoyan el Trabajo Garantizado antes que una Renta Básica Universal basándose en que sería más eficaz que dar un salario. Creen que los ciudadanos se volverían perezosos si no se les pide que trabajen para vivir. Yo creo que esa visión es tremendamente puritana (veo a gente muy ocupada con el baile, los deportes o la creación artística).

A.L.: ¿A cuál de estos economistas prefiere? Jean Tirole, Oliver Hart y Richard Thaler.
S.K.: Richard Thaler, Oliver Hart y con una puntuación muy negativa, Jean Tirole.

A.L.: ¿Se atreve a pronosticar quién ganará el Nobel de Economía en 2018? ¿Paul Romer?
S.K.: Mi predicción es que será alguien ligeramente a la izquierda del centro del tablero económico que trabaje en el territorio fronterizo del pensamiento neoclásico. Pero sí, Romer si intentaran una especie de redención tras la crisis financiera global, una expiación del estancamiento secular. Si se lo dan a alguien como Summers vomito...

1 de noviembre de 2017

jueves, 26 de octubre de 2017

ENTREVISTA CON MARK SAINSBURY

Autor de FICCIÓN Y FICCIONALISMO.

ANDRÉS LOMEÑA: El ficcionalismo tiene que ver con las cosas que somos capaces de pensar. Estas no tienen valor en los términos habituales de verdad o falsedad, de manera que están gobernadas por otro tipo de normas, como la adecuación empírica o la utilidad. Me gustaría preguntarle si este enfoque es parte del legado pragmatista.
MARK SAINSBURY: El ficcionalismo consiste en que deberíamos tratar el “discurso” como una “ficción”: el discurso no aspira a ser verdadero, sino más bien útil. El ficcionalismo en la aritmética dice que los números deberían considerarse como entes tan (o tan poco) reales como Don Quijote o Sherlock Holmes. La cuestión en aritmética no es tanto describir un supuesto reino de los números, sino ayudarnos en proyectos prácticos (la construcción de puentes, por ejemplo).
Del mismo modo, la ficción no aspira a ofrecer descripciones directas de la realidad, sino a ser útil en varios sentidos: entretener, agradar, elevar o instruir. La conexión con el pragmatismo es engañosa. Los pragmatistas sostienen que lo verdadero es lo útil, así que no podrían distinguir entre una ficción útil y una verdad. Así, podríamos decir que son en cierto modo ficcionalistas en la medida en que reconocen el valor de la utilidad. También podríamos decir que no tienen los recursos para declararse ficcionalistas, ya que no hacen distinciones entre la verdad y la utilidad. Creo que la segunda opción es la más acertada.

A.L.: De acuerdo con la novela El ferrocarril subterráneo de Colson Whitehead, habría trenes reales transportando esclavos hacia la realidad, incluso aunque ese ferrocarril subterráneo fue simplemente un grupo clandestino que luchaba por la abolición de la esclavitud, según sabemos por los hechos históricos. Whitehead sería un “literalista” de la historia oficial al transformarla para sus propósitos literarios.
M.S.: Tal y como dices, una ficción puede integrar hechos reales, de una forma simple como en Guerra y Paz o de maneras más sutiles, lo que implica alguna capa metafórica adicional, como en el libro de Whitehead que mencionas. Me temo que los ficcionalistas filosóficos no prestan atención a esos aspectos sutiles de la ficción.

A.L.: ¿Qué implican los narradores no fiables para el ficcionalismo?
M.S.: Podemos hablar de una verdad-en-la-ficción y la necesitamos para comprender lo que ocurre. Un narrador no fiable se aleja de la verdad ficcional y a su vez es parte de la ficción. Algo puede ser verdadero en la ficción, pero también un personaje en la ficción puede decir algo falso. No he notado que estos matices preocupen a los ficcionalistas, pero deberían tenerlos en cuenta. Por ejemplo, decimos que las personas cuyos puntos de vista morales difieren de los nuestros están equivocadas: los demás tendrían falsas creencias morales. El ficcionalista moral podría ver esto como una muestra de que alguno de nosotros es un narrador poco fiable: uno de nosotros ha cometido un error sobre lo que representa la ficción de la moralidad.

A.L.: También hay inconsistencias en muchas obras literarias, como objetos que aparecen y desaparecen en la ficción porque el autor olvidó que su personaje los tenía. ¿Qué explicación ofrece el ficcionalismo?
M.S.: Los ficcionalistas en realidad no ofrecen explicaciones de la ficción, solo reclaman que sus temas dentro del ficcionalismo (las matemáticas o la moralidad) deberían considerarse una ficción. Sería un motivo de disputa decidir si una ficción inconsistente puede resultar útil. Hay filósofos que seguramente creerían que sí (Graham Priest sería un buen ejemplo de esto).

A.L.: ¿Hay algunas propiedades esenciales en la ficción, una haecceitas?
M.S.: Hay personajes ficcionales en el sentido banal de que hay ficciones en las que aparecen los personajes. Cuando alguien escribe una novela, solo añade los habitantes del mundo al texto. Esos personajes no existen, de modo que no constituyen una verdad o una mentira metafísica. Solo hay verdades ficcionales y estas representan una función de lo que el autor ha decidido contar.

A.L.: La oración Anna Karenina es más inteligente que Emma Bovary parece verdadera, pero no pertenece al mismo marco de referencia, son mundos de ficción diferentes.
M.S.: Así es. He intentado mostrar cómo el pensamiento podía ser verdadero incluso cuando no hay personajes ficcionales: la verdad es relativa a ciertas presuposiciones, pero nunca es real ni absolutamente verdadera.

A.L.: Puedo pensar en un pegaso combinando la idea de caballo con el concepto de alas, y también puedo imaginar que la gente no muere de cáncer, aunque no sea capaz de imaginar una cura específica. En cambio, no sé si realmente puedo pensar en una una hidra con “infinitas” cabezas o visualizar un triángulo de cuatro ángulos.
M.S.: No veo ningún problema en una hidra con infinitas cabezas: aunque se las cercenes, sigue conservando otras. Como no creo que haya personajes de ficción en el mundo real, esto no supone ningún desorden para mí. Puedes entender mi libro como un intento de justificar la visión de Bertrand Russell de que la lógica ya no puede consentir un unicornio que la zoología permita.

A.L.: ¿Qué le llevó a investigar la ficción?
M.S.: Hay una larga tradición a la hora de pensar la representación como una relación entre las palabras y las cosas. En la filosofía analítica de finales del siglo XX llegó a ser la visión estándar, e implicaba que cualquier nombre o representación genuina que significara algo tenía que poseer un portador o referente. Esto conlleva un dilema: o las palabras como pegaso carecen de significado o tienen portadores. Ninguna de las alternativas era plausible. En Referencia sin referentes intenté combatir, tal y como puedes suponer por el título, la postura que conduce a este problema y llevé esa visión general más allá en Ficción y Ficcionalismo para poder aplicarla a los nombres ficticios.

A.L.: Recomiende una novela...
M.S.: Acabo de leer La casa de los nombres de Colm Toibin y me ha parecido realmente buena. Para aquellos a los que les interese la filosofía de la ficción, trata la cuestión de si el personaje de Electra escrito por Toibin es el mismo que el de la obra de Esquilo.

A.L: Un libro de filosofía que merezca la pena...
M.S.: Me gusta Las variedades de la referencia de Gareth Evans.

A.L.: Díganos algo sobre Kripke y Lewis…
M.S.: Kripke y Lewis estaban en el mismo departamento de Princeton, así que tiene que haber historias sobre sus relaciones personales. Imagino que debió existir un alto grado de admiración mutua. En los noventa, muchos filósofos habrían señalado a estos dos pensadores como los más destacados de nuestro campo.

A.L.: ¿Quiénes son sus tres mosqueteros?
M.S.: Frege, Davidson y quizás Grice.

A.L.: Por último, ¿qué me dice de un personaje ficticio que llamaré Sainsbury?
M.S.: Supongo que está intentando llegar al fondo de la cuestión de la representación. Mi próximo libro tratará sobre la percepción y la representación. Algo muy complejo, me temo, pero mi yo ficcional se abrirá camino a través de ese problema y alcanzará una teoría que sorprenda a todo el mundo por su originalidad y poder explicativo.

26 de octubre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

ENTREVISTA CON FRANCIS VILLATORO

Autor del blog La Ciencia de la Mula Francis, físico, doctor en matemáticas, profesor en la Universidad de Málaga e investigador en ciencias computacionales.

ANDRÉS LOMEÑA: Me encanta una conferencia TED de Jedidah Isler sobre los blázares. Me pregunto qué diablos son esos chorros de plasma. En todo caso, Isler tiene claro su romance con la física. ¿Cuál es el suyo?
FRANCIS VILLATORO: La materia que cae en un objeto astrofísico compacto, como una estrella de neutrones o un agujero negro, se acelera por la conservación del momento angular pasando al estado de plasma; las partículas cargadas del plasma, tanto electrones como iones, se mueven un disco alrededor del objeto compacto, con lo que producen un intenso campo magnético poloidal. En los polos del objeto compacto las líneas de campo magnético están muy juntas y producen una fuerza magnética que arranca las partículas del disco de acreción y las lanza formando dos chorros transversales al disco.
En los núcleos activos de galaxias hay agujeros negros supermasivos con enormes chorros bipolares que aceleran las partículas a velocidades ultrarrelativistas, mayores del noventa y nueve por ciento de la velocidad de la luz en el vacío. Cuando uno de estos chorros apunta hacia la Tierra observamos un blázar; lo más sorprendente es que la velocidad aparente de las partículas del plasma parece superar la velocidad de la luz en el vacío. Por ejemplo, para el blázar 0827+243 las partículas del chorro se mueven al 99,9% de la velocidad de luz en el vacío, pero desde la Tierra muestran velocidades aparentes de hasta 25 veces la velocidad de luz en el vacío. Sin lugar a dudas son fenómenos asombrosos y no me extraña el romance científico de Jedidah. A mí me apasionan muchos temas, desde la física de las partículas fundamentales, hasta la gravitación cuántica, pasando por las ciencias de los materiales o la teoría de ondas no lineales. No sabría contestar a la pregunta sobre la rama de la física que me despierta mayor pasión.

A.L.: Según tengo entendido, el electrón puede dividirse en tres partes o cuasipartículas bajo determinadas condiciones. ¿Esto implica de alguna forma que no son partículas verdaderamente elementales? Eso por no mencionar a Gavin Hesketh, que mencionó el bosón B, del que apenas encuentro referencias en Internet, o el hecho de que el bosón de Higgs se descompone en quarks.
F.V.: Uno de los grandes problemas de la Física y, en especial, de la Divulgación de la Física, es el abuso del lenguaje. Un fotón (la partícula de la luz) en el vacío se mueve a la velocidad de la luz en el vacío porque no tiene masa, pero en un cristal se mueve a una velocidad más pequeña; ¿adquiere masa? Obviamente, no adquiere masa. Un fotón en un cristal no es un fotón libre sino que es una cuasipartícula de tipo fotón, que debido a la interacción con los iones de la red cristalina se mueve como si tuviera un masa efectiva a una velocidad inferior a la velocidad de la luz en el vacío. Lo mismo pasa con un electrón en un material, se le llama electrón por abuso del lenguaje, pues se trata de una cuasipartícula de tipo electrón. Un electrón libre tiene energía, masa, carga y espín, magnitudes que no se pueden separar; no se puede trocear un electrón, ni tampoco se puede tener un electrón sin carga pero con espín, o con espín pero sin carga. Sin embargo, una cuasipartícula de tipo electrón tiene una energía efectiva, una masa efectiva, una carga efectiva, un espín efectivo y un momento angular orbital efectivo; se puede tener una cuasipartícula de tipo electrón con espín efectivo pero sin carga efectiva ni momento orbital efectivo (llamada espinón), una cuasipartícula de tipo electrón con carga efectiva pero sin espín efectivo ni momento orbital efectivo (llamado holón o cargón), e incluso una cuasipartícula de tipo electrón con momento orbital efectivo pero sin carga efectiva ni espín efectivo (llamada orbitón). Más aún, puede separar una cuasipartícula de tipo electrón con carga efectiva, con espín efectivo y con momento orbital efectivo en tres causipartículas de tipo electrón separadas, uno de tipo espinón, otra de tipo holón y la última de tipo orbitón. Esto lo puedo hacer con una cuasipartícula de tipo electrón en un material cuasi-unidimensional (como un aislante de Mott). Pero nadie debería confundir una cuasipartícula de tipo electrón y un electrón libre; se parecen como un agujero negro y la cascada del Niágara, ambos tienen horizonte de sucesos, pero pocos los confundirían.
Por otro lado, los hadrones, partículas compuestas de quarks unidos entre sí por gluones, pueden ser fermiones, los bariones formados por tres quarks de valencia, y bosones, los mesones formados por una pareja quark-antiquark de valencia. Cuando se habla de bosón B se está hablando del mesón B, que está formado por un antiquark fondo o bottom (b) de valencia y otro quark de valencia de menor masa: arriba o up (mesón B+), abajo o down (B0), extraño o strange (B0s), o encanto o charm (B+c); el mesón formado por un antiquark bottom y un quark bottom de valencia se llama bottomonium. Ningún físico llama bosones B a los mesones B, aunque sean bosones; quizás por eso encuentras pocas referencias en la web. Busca mesones B y te hartarás de información.
Finalmente, el bosón de Higgs se puede desintegrar en una pareja fermión-antifermión siempre que la suma de sus masas sea inferior a la suya; por ejemplo, se puede desintegrar en un electrón y un positrón, en un muón y un antimuón, o en un quark y un antiquark (salvo para el quark top que tiene más masa que el Higgs). En ningún caso esta desintegración se puede entender como que el Higgs sea una partícula compuesta de una pareja de fermiones; los fermiones tienen masa y, por tanto, están acoplados al campo de Higgs, luego un bosón de Higgs puede excitar los campos de los fermiones y desintegrarse en una pareja de ellos (el campo de Higgs pasa del estado de bosón al estado de vacío y los campos de los fermiones pasan de estado de vacío al estado excitado como partículas). Repito, en ningún caso se puede interpretar este canal de desintegración del Higgs como una prueba de que se trata de una partícula compuesta.

A.L.: También he leído que los tetraneutrones son posibles4. ¿Quiere eso decir que hay que revisar el principio de exclusión de Pauli? Los periodistas buscamos nueva física sin conocer bien la clásica, pero se debería disculpar nuestra previsible fascinación por cualquier hallazgo que redefina los postulados de la ciencia actual. A propósito, ¿se enfada mucho cuando lee sobre física en el periódico?
F.V.: El núcleo de las estrellas de neutrones tiene innumerables neutrones unidos entre sí por el principio de exclusión de Pauli; no entiendo que la existencia de tetraneutrones se pueda interpretar como una violación del principio de exclusión de Pauli. La estadística de los fermiones, el origen de este principio, está asociada a la invariancia CPT, que cumple todo sistema físico que sea relativista y cuántico; no se ha observado ninguna violación de la invariancia CPT y las teorías que predicen la existencia de los trineutrones y tetraneutrones cumplen con dicha invariancia.
Para un físico un átomo es una partícula en ciertos experimentos, un núcleo atómico es una partícula en ciertos experimentos, un neutrón es una partícula en ciertos experimentos, y un estado resonante es una partícula en ciertos experimentos. Las resonancias, o estados resonantes, son excitaciones de una o varias partículas de vida media muy corta. Los tetraneutrones y los trineutrones son resonancias de neutrones cuya vida media es muy corta. Desde 1986 se han observado indicios de la existencia de tetraneutrones, pero ninguno ha sido confirmado; más aún, difieren entre sí lo suficiente para que unos generen cierta duda sobre los otros. El artículo que citas es un modelo teórico de octubre de 2016 basado en supercomputadores que predice la posible existencia de tetraneutrones con propiedades similares a las observadas en un experimento de febrero de 2016. Todavía no sabemos si dicha interpretación es correcta (entre otras cosas implica que ciertos indicios previos serían erróneos). Aún así, la existencia de resonancias de tipo tetraneutrón, e incluso trineutrón, es perfectamente compatible con el principio de exclusión de Pauli.
Por otro lado, la mayoría de las noticias científicas sobre Física que se publican en la prensa son sensacionalistas y están muy alejadas de como yo las hubiera divulgado. Sin embargo, disfruto leyendo ciencia en los periódicos, pues siempre me da pie a buscar las fuentes originales para profundizar y aprender. Nunca me enfado leyendo sobre ciencia porque así educo mi escepticismo. Más aún, me gustaría que se escribiera mucho más sobre ciencia. Los medios tienen como misión informar y entretener; para educar hay otros foros. Por ello el rigor no es uno de sus fines; aun así, creo que debería haber mucha más ciencia en los medios. Por cierto, me enfada que haya tan poca ciencia en los periódicos y que haya gente que piense que hay tan poca porque es poco relevante.

A.L.: Su blog resulta muy estimulante, incluso cuando a veces me cuesta seguir las implicaciones de algunos descubrimientos. Creo que no le gusta nada el marco de ciertas investigaciones, como la de Erik Verlinde. Para los profanos, da la sensación de que la comunidad científica se ha sacado de la manga la materia oscura y la energía oscura y que quizás lo que se necesita es volver a un terreno más simple, menos especulativo. Roger Penrose medita en su último libro sobre las modas científicas, los dogmas de fe y hasta la fantasía. ¿Qué tendría que decir aquí?
F.V.: Muchos físicos teóricos han abandonado la teoría de cuerdas porque como teoría fundamental sus predicciones están más allá de lo que podemos explorar en la actualidad con experimentos y observaciones. La financiación ha empezado a escasear. Algunos cuerdistas se han adentrado en las aplicaciones del formalismo matemático de la teoría de cuerdas a la física que podemos explorar (materia condensada, estado sólido, nuevos estados de la materia, etcétera). Otros cuerdistas han interpretado la idea de las dualidades, la equivalencia física entre diferentes teorías de cuerdas, como simples diccionarios entre conceptos físicos; si tengo cuatro palabras en una teoría y otras cuatro en otra teoría, propongo una equivalencia entre las cuatro palabras de ambas teorías, un diccionario, y me pongo a estudiar sus consecuencias físicas, como si se tratara de una nueva teoría. Así muchos cuerdistas se han alejado de la Física adentrándose en la Metafísica; así han pasado de hacer ciencia a estar muy próximos a lo que en otras ramas de la ciencia se llamaría pseudociencia. Muchos de estos físicos tienen un prestigio como cuerdistas fuera de toda duda, por ello muchos medios se hacen eco de sus especulaciones salvajes. Un ejemplo paradigmático es Erik Verlinde, otro es Gerardus ‘t Hooft, Premio Nobel en 1999. Por un lado, Verlinde me da cierta envidia; siendo uno de los grandes físicos teóricos de la teoría cuerdas ha recibido una financiación multimillonaria. Pero, por otro lado, también me da mucha pena; ahora se dedica a balbucear especulaciones salvajes que son seguidas por un ejército de prosélitos que no se para a pensar qué sentido tienen dichas especulaciones. En mi blog, mi pena se vuelve rabia y a veces mi lenguaje mostrará que no me gustan sus especulaciones.
En los medios interesa más cuando una persona muerde a un perro que cuando un perro muerde a una persona. En los medios interesa la piedra que al ser soltada sale disparada hacia arriba en lugar de caer hacia el suelo; ninguna noticia destaca todas las evidencias de que las piedras caen hacia el suelo. Lo mismo pasa con las evidencias sobre la materia oscura y la energía oscura. No es verdad que los profanos tengan la sensación de que la comunidad científica se sacó de la manga la materia oscura en 1933; no es verdad que los profanos le pidan a los científicos que vuelvan a un terreno menos especulativo y se olviden de las evidencias acumulados en más de ochenta años. Lo que pasa es que a los directores de los medios solo les interesan las noticias que afirman que la materia oscura no existe porque así lo afirma una especulación salvaje de un científico. Se considera noticia que Verlinde diga que la materia oscura es debida a la reacción de la materia (ordinaria) al efecto de la energía oscura; no creo que ningún profano opine que es más simple explicar la existencia de materia oscura recurriendo a la energía oscura. Nunca confundas lo que piensan los directores de los medios sobre las noticias científicas y lo que saben los profanos. Los mal llamados profanos saben mucho más de lo que parece.
En cuanto a Roger Penrose solo puedo decir que me da mucha envidia lo bien que sabe conectar con el público en sus libros. Repletos de ideas científicas abstractas, decorados con fórmulas que pocos físicos son capaces de entender, logra vender libros que ningún editor aceptaría publicar si fueran escritos por cualquier otro autor (salvo quizás Stephen Hawking). No sé si has leído su último libro, pero no tiene nada que ver con la moda, la fantasía o el dogma de fe, a pesar del título. Se trata de un libro que pretende convencer a los más jóvenes de que trabajen en la teoría de twistores. Me parece muy loable que aún siga insistiendo contra marea en reivindicar su teoría. Pero lo que de verdad me da envidia es que venda decenas de miles de ejemplares de un libro que si no estuviera escrito por Penrose nadie se atrevería a leer. Y, por cierto, que yo disfruto mucho con sus libros, aunque los leo con grandes dosis de sano escepticismo, consciente de sus mensajes entre líneas buscando prosélitos.

A.L.: ¿Qué sabemos realmente sobre la red cósmica? Me consta que Richard Gott, como tantos otros, se ha esforzado en desentrañar la estructura del universo, pero desconozco qué nivel de detalle tiene el actual mapa del universo. Por ejemplo, ¿qué se sabe de los confines del universo visible? Allá donde se colocaría el imaginario arquero de Lucrecio para ir más allá de los límites de lo conocido. Otra cuestión inquietante es el papel de los filamentos de materia oscura que supuestamente unen las galaxias5. ¿Cómo se comporta o qué se sabe de esa hipotética superestructura? A ver si es como el alcohol en el universo, que parece abundar y sin embargo resulta un tanto irrelevante su presencia.
F.V.: Las aproximaciones teóricas y las simulaciones mediante superordenadores de la formación de las grandes estructuras del universo predicen la existencia de la red cósmica desde hace décadas; sin embargo, las primeras pruebas observacionales se obtuvieron hace menos de diez años. Ahora hay muchas evidencias. Como los grandes vacíos están vacíos, como es obvio, y sus paredes están formadas por materia oscura, invisible salvo por sus efectos gravitacionales, observar la red cósmica es muy difícil. Sin embargo, hoy en día gracias al efecto de lente gravitacional se han obtenido evidencias que confirman la existencia de la red cósmica fuera de toda duda. Pocos cosmólogos dudan de su existencia, aunque todos desean que haya más evidencias.
Sabemos muy poco sobre los confines del universo visible, porque, como es obvio, no los podemos ver; pero todos los indicios sobre el universo a gran escala (que solo podemos observar cuando tenía unos 380 mil años de edad) indican que, en promedio, son exactamente iguales al universo cercano que nos rodea. El universo tiene un tamaño unos tres veces más grande que el universo observable y todo indica que en promedio lo que hay más allá del horizonte visible es exactamente igual que lo que hay dentro del horizonte (por supuesto, siempre en las grandes escalas).
Por otro lado, la noticia que citas sobre los filamentos de materia oscura que unen galaxias se refiere a filamentos de la red cósmica de unos siete megapársec de longitud que unen cúmulos de galaxias (recuerda que la distancia entre la Vía Láctea y Andrómeda es de 0,7 megapársecs). Se trata de un artículo muy reciente y todavía no hay confirmación oficial de esta observación. Sin embargo, siendo un resultado esperado no hay dudas serias sobre su existencia. Más aún cuando se han encontrado pruebas de otros filamentos similares, aunque a escala mucho más grande (este filamento es pequeño comparado con las estructuras típicas de la red cósmica ya observadas). Preguntas a qué se debe este filamento y la respuesta es sencilla, la gravedad es atractiva, como las fuerzas de tensión superficial en el agua con jabón, luego da lugar a estructuras similares a la espuma de jabón del baño.

A.L.: Si realmente hubiera dimensiones enrolladas, ¿no seguirían estando dentro de las tres dimensiones espaciales? De lo contrario, ¿dónde está ese afuera espacial? He visto dibujos de mangueras con una hormiga dentro para ilustrar la idea de las dimensiones extras y no me convence demasiado. Además, ¿qué nos dice de los agujeros negros? ¿La materia que entra saldría vomitada a alguna otra parte? Si así fuera, ¿no tendría que haber una especie de estercolero estelar en algún lugar?
F.V.: Imagina un cubo (hexaedro) sumergido en el espacio de tres dimensiones, ¿cuántas caras exteriores tiene? Imagina un hipercubo (teseracto) sumergido en un espacio de cuatro dimensiones, ¿cuántas caras exteriores imaginas? La idea de dentro y fuera que aplicas a objetos de superficie bidimensionales sumergidos en un espacio tridimensional no tiene nada que ver con la idea de dentro y fuera que se aplica a objetos con más de tres dimensiones sumergidos en un espacio de más de cuatro dimensiones. No tiene sentido “estar dentro” en tu pregunta. Las dimensiones extra del espacio están tan afuera o tan adentro como está la dirección derecha-izquierda respecto a la dirección arriba-abajo. Estén o no estén enrolladas no influye. Quizás no te guste que así sea, pero así es.
Las metáforas geométricas como la hormiga en la manguera son solo eso, metáforas. Si no te convencen, busca otras metáforas. Hay cosas inimaginables que solo se pueden imaginar sin imaginarlas, sin intentar imaginarlas, estudiando sus propiedades sin más. Requiere un esfuerzo, pero merece la pena. Las metáforas requieren dos cosas, entender el concepto y entender su relación con la metáfora, por ello muchas veces en lugar de ayudar dificultan el entendimiento.
En cuanto a los agujeros negros, son soluciones matemáticas de las ecuaciones de la gravitación de Einstein. Hay objetos astrofísicos que se describen usando estas soluciones matemáticas. No sé dónde se encuentra el mito. Muchas veces se engaña a los profanos con la metáfora de que los agujeros negros son pozos donde cae la materia sin que pueda escapar; en la vida cotidiana los pozos siempre tienen un fondo, luego nuestra intuición nos dice que en esta metáfora los agujeros negros deberían tener un fondo. Los agujeros negros son espaciotiempo curvado; la energía del campo gravitacional es proporcional a la curvatura. Un agujero negro es espaciotiempo vacío y curvado, nada más y nada menos; la curvatura del espaciotiempo tiene energía potencial gravitacional y alcanza un estado estable autosostenido (el agujero negro no es cuerpo físico, ni un agujero en el espaciotiempo, ni nada por el estilo). Cuando cae una manzana, acelera bajo la acción de la gravedad; es decir, su energía potencial gravitacional se transforma en energía cinética. Lo mismo pasa con lo que entra en un agujero negro, su energía se transforma en energía del campo gravitacional; todas las partículas (excitaciones de campos cuánticos) de lo que cae en un agujero negro se relaja a un estado de vacío y su energía se transfiere a la curvatura del espaciotiempo, con lo que el agujero negro gana la energía de la materia del objeto que ha caído y crece su horizonte de sucesos. La materia no va a ningún sitio, el pozo no tiene fondo, solo desaparece y se transforma en curvatura del espaciotiempo.

A.L.: ¿Qué lectura nos recomendaría? A mí me ha encantado El gran cuadro de Sean Carroll y Aurora de Kim Stanley Robinson. Le confieso que he fracasado a la hora de entrevistar a varias mujeres, así que si tiene en cuenta la paridad que yo no he podido conseguir en mis conversaciones, mejor que mejor.
F.V.: Ahora estoy leyendo mucho sobre ondas gravitacionales, por ello recomendaría los libros de Janna Levin, Black Hole Blues, y de Govert Schilling, Ripples in Spacetime, ambos sobre la historia de la detección directa de las ondas gravitacionales. Hay pocos libros de divulgación escritos por divulgadoras españolas; recomendaría Todo es cuestión de química de Deborah García Bello. Entre los escritos de divulgadores hay tantos que me gustaría recomendar que me quedaré con El ojo desnudo de Antonio Martínez Ron.

A.L.: Sé que va a acertar en su predicción del Nobel de Física 2017, así que me gustaría retarle a que haga alguna predicción para el Nobel de Física 2018.
F.V.: Predecir el Nobel de Física 2018 raya la imposible. Me gustaría que fuera concedido a una mujer y, la verdad, me apena, pero hay pocas candidatas firmes. Entre ellas destaca Lene V. Haus por la luz lenta en condensados de Bose-Einstein gracias a la transparencia inducida electromagnéticamente, que lo recibiría junto a Stephen E. Harris, el padre de esta última. Sin embargo, me parece una predicción más firme un galardón a Sir John Pendry, Sheldon Schultz y David Smith por los metamateriales y sus aplicaciones en el desarrollo de capas de invisibilidad, superlentes y otros sistemas ópticos.

A.L.: ¿Alguna conclusión? Muchísimas gracias por este apasionante viaje a través de la física.
F.V.: La mayoría de los directores de medios y, por ende, periodistas, piensa que a los profanos solo les interesan la astrofísica, la cosmología y la física fundamental, pero no es cierto. La Física tiene ramas muy atractivas en las que se están haciendo avances muy interesantes, como la biofísica o la oceanografía física, por poner solo dos ejemplos. Creo que habría que diversificar la comunicación científica en los medios. Animo a todos los lectores a exigir más ciencia en los medios y, sobre todo, ciencia mucho más diversa.

12 de septiembre de 2017

domingo, 3 de septiembre de 2017

ENTREVISTA CON URSULA K. HEISE

Una conversación interesantísima sobre literatura y biodiversidad.

ANDRÉS LOMEÑA: Usted ha explorado la biodiversidad a través de la literatura, la cultura, el derecho y las artes sin recurrir a la nostalgia, ya que la humanidad no solo destruye especies, también contribuye a crearlas gracias a la domesticación o la genética. También ha analizado el medio ambiente y la llamada sexta extinción masiva como herramientas culturales que nos permiten repensar el desarrollo y la modernización. ¿Cómo consiguió conectar su conocimiento literario con sus preocupaciones ecológicas y conservacionistas en su libro Imaginar la extinción?
URSULA K. HEISE: Siempre hay un elemento narrativo cuando la ciencia medioambiental se discute en la esfera pública: los hallazgos de la biología y la ecología y los proyectos y objetivos de los conservacionistas se transmiten al público a través de imágenes e historias, en artículos de revistas y de periódicos, en las páginas web, en los documentales, así como en libros de ficción y no ficción. Como teórica de la literatura y como ambientalista veo una interconexión de lo más interesante.
Cuando empecé a investigar sobre la biodiversidad y las especies amenazadas di por sentado que la ciencia sería bastante clara y que lo verdaderamente interesante sería cómo la ciencia se filtra y se reconfigura en la comunicación pública. Me sorprendió mucho descubrir que la ciencia de la biodiversidad es complicada hasta en sus fundamentos: ¿Qué es la biodiversidad? ¿Cómo la medimos? ¿Es mejor un ecosistema con más especies? ¿Por qué? ¿Debería medirse la biodiversidad en el nivel de los ecosistemas, de las especies, de sus poblaciones o desde el punto de vista genético? ¿Cuál es la mejor definición de especie? Y así sucesivamente.
En una segunda fase, me encontré con que buena parte de la ciencia de la biodiversidad se asentaba en ciertos paradigmas culturales y en juicios de valor: ideas sobre el tipo de naturaleza que merece la pena conservar y qué tipo de naturaleza podemos dejar que se extinga (a veces hasta trabajamos activamente para eliminarla; por ejemplo, los conservacionistas suelen implicarse para acabar con las especies no nativas). Había ideas preconcebidas sobre cómo nos gustaría ver una naturaleza idealizada en el futuro y otras sobre lo que las comunidades humanas deberían hacer con sus entornos naturales y con las especies no humanas. Por tanto, hasta la ciencia descansa sobre determinadas narrativas acerca de los humanos y la naturaleza. En varias culturas encontré historias sobre especies en peligro de extinción o ya extinguidas que se relacionaban de forma directa o indirecta con la experiencia de aquella sociedad respecto a la modernización o la colonización (o ambas) y lo que se había ganado o perdido en el proceso. Las especies carismáticas a menudo simbolizaban la pérdida particular (o la mera creencia de esa pérdida) de la comunidad durante la colonización y la modernización.
Puedes ver esas historias fácilmente por la atención errática que se presta a los taxones biológicos: la mayoría de las especies que se mencionan en las discusiones sobre conservación son vertebrados, muchas de ellas son mamíferos o pájaros y la mayoría de ellas son grandes y carismáticas en el sentido de ser sorprendentes, bellas o con ambos rasgos. Pensé al principio que se trataba de un simple asunto de comunicación, pero resultó que el estudio científico también se había hecho de forma un tanto errática, con algunos de esos mamíferos y especies de pájaros atrayendo mayor atención investigadora que los moluscos, los caracoles o los insectos.

A.L.: Hay escritores de ciencia-ficción como Kim Stanley Robinson que no sé si están construyendo una visión más afirmativa de nuestro futuro biológico, tal y como usted propone.
U.H.: ¡Me encanta la ciencia-ficción! Me fascina que se escriban historias futuristas que son, hasta cierto punto, testigos directos de los hechos (lo que actualmente sabemos sobre el mundo y qué es posible en él) y que muestran una gran variedad de caminos posibles que el futuro puede tomar en determinadas circunstancias (la relación que hay entre la predicción científica, las simulaciones que se hacen y sus relaciones con la narrativa de ficción futurista es muy interesante).
Ursula K. Le Guin y Kim Stanley Robinson me parecen casos destacables por la sofisticación de sus visiones del futuro. Le Guin siempre ha relacionado las preguntas mediomabientales con cuestiones de justicia social en sus novelas y narraciones cortas (como en Los desposeídos). Robinson es uno de los pocos autores de ciencia-ficción contemporáneos que se atreven a plantear un futuro que no será necesariamente una distopía deprimente, ya que parecen factibles algunos modelos de sociedad mejores que los actuales. Lo demostró de forma brillante en su trilogía de Marte (Marte rojo, Marte azul y Marte verde), donde se crea gradualmente una sociedad mejorada, sin que esta sea perfecta. Mientras tanto, en La Tierra encadenan una crisis con otra. En 2312 y en su novela más reciente, Nueva York 2140, traslada de forma muy inteligente sus visiones del futuro. Algunas sociedades se han quedado igual y otras han ido a peor, pero hay algunas que en realidad son significativamente mejores, y no por arte de magia, sino porque las personas se unieron para conseguir cambios. En 2312, la restauración de especies extinguidas desempeña un papel crucial en la trama, y en general, Robinson asume que las sociedades no pueden mejorar a largo plazo sin cuidar el medioambiente. Su utopismo (u “optopismo”, cómo él lo llama, cuando se logra lo mejor posible dadas las circunstancias) es una verdadera inspiración para el pensamiento medioambiental.
También me encanta La última oportunidad de ver, el libro de viajes de Douglas Adams y Mark Carwardine. Adams fue un conocido escritor de ciencia-ficción y Carwardine un zoólogo. En los años ochenta viajaron a diferentes lugares del mundo para ver especies en peligro. Parece imposible escribir un libro divertido sobre la extinción de especies, pero Adams lo logró. En lugar de contar la típica historia de animales perfectamente adaptados que se precipitan hacia la extinción frente a la indiferencia y avaricia humanas, él representa a los humanos y a los no humanos como seres muy mal adaptados. Todos hacen cosas irracionales, ineficientes y contraproducentes. Las preguntas cambian de ¿Cómo este animal llegó a estar en peligro? a ¿Cómo demonios sobrevivió tanto tiempo? Trata la necesidad de conservar el hábitat natural de una forma inusual, ayudándose de las carcajadas y del afecto hacia los humanos y no humanos que fueron creados por una cadena improbable de contingencias evolutivas. Consigue un hermoso contraste frente al tono habitual de lamento, melancolía y predicciones desoladoras de la mayoría de libros de no ficción conservacionistas.

A.L.: De nada sirve salvar especies si luego vamos a erradicarlas de nuevo, como muestra en su análisis de la novela The Hunter de Julia Leigh, que trata sobre la re-extinción del tigre de Tasmania. Ya nos ha dicho que la ciencia y la narrativa ambientalista se centra en los gorilas, los tigres, los osos o las ballenas y no tanto en los reptiles, los anfibios y los peces, por no hablar de los gusanos, los cangrejos o los hongos y las bacterias. Parece que en el fondo todos somos especistas, es decir, que discriminamos en función de la especie. ¿Es el especismo lo que une a los ambientalistas y a los defensores de los derechos animales?
U.H.: Creo que estos movimientos convergen en buena parte de sus pensamientos. Ambos intentan luchar contra el especismo al que te refieres, esto es, el privilegio automático del bienestar humano frente al de los no humanos, y también buscan un hueco en nuestros principios éticos y en nuestros sistemas jurídicos para dar cabida a los no humanos. Lo hacen de forma diferente y a veces tienen conflictos de intereses, pero esos choques resultan tremendamente interesantes por lo que revelan sobre las visiones generales de cada movimiento; por ejemplo, qué especies no humanas deberían vivir con nosotros y en qué condiciones (solo animales en el caso del movimiento por el bienestar animal; animales, plantas y otros organismos en el caso de los ambientalistas). Creo que la preocupación por hacer visibles las aspiraciones vitales de los no humanos dentro de nuestra consideración moral es el área de contacto más importante entre los dos movimientos.

A.L.: Percibo un giro de los estudios literarios hacia las humanidades digitales. Después de todo, las humanidades digitales son una nueva forma de ver los géneros literarios y novelas que están amenazados, ¿no es así?
U.H.: Sí, las humanidades digitales son un nuevo campo de los estudios literarios y van más allá, pues se usan en arqueología, historia y otros ámbitos. En literatura ha tomado dos direcciones muy diferentes: la primera es aplicar viejos métodos de análisis a nuevos objetos de estudio, como los blogs, las redes sociales y la fan fiction. La segunda es el desarrollo de nuevos métodos de análisis digital para viejos objetos de estudio, es decir, mirar en las letras clásicas, como la literatura del diecinueve, y preguntarse nuevas cuestiones que van más allá de la lectura atenta de textos individuales canonizados con la ayuda de bases de datos informatizadas y sofisticados mecanismos de búsqueda. Esta aproximación es la más revolucionaria y también la más controvertida.
Mi propia obra Imagining Extinction está entre esas dos direcciones: quise estudiar las bases de datos sobre biodiversidad como un nuevo e importante género en el cual expresamos preocupaciones culturales y hasta emocionales sobre la inmensa crisis medioambiental. Para estudiar bases de datos con decenas de miles de entradas se requerían herramientas digitales. El objetivo general era mostrar cómo la narrativa estructura algunos tipos de bases de datos y cómo el modo de catalogación y enumeración de esas bases de datos ha caído en las redes de las artes visuales y la literatura para expresar la actual crisis que amenaza con la extinción de especies. El mapa cognitivo que traza la narrativa ahora se da también a través de las bases de datos y todo lo que eso implica: determinar los objetos que entran en esa base de datos, los metadatos con los que se asocia, su arquitectura, etcétera.

A.L.: ¿Cree que el teórico de la literatura es una especie amenazada? El crítico cultural Terry Eagleton podría ser un zorro y yo me identificaría, desde luego, con el lince ibérico. ¿Qué me dice de usted?
U.H.: Creo que me encantaría ser un loro tamaulipeco (Amazona viridigenalis). Es un tipo de loro mexicano que está amenazado en los estados de Tamaulipas, Veracruz y León por el comercio agresivo de animales domésticos que tuvo lugar en los años setenta y ochenta, y también a causa de la deforestación. Un montón de pájaros consiguió escapar y ahora hay una población en crecimiento en el valle de San Gabriel de Los Ángeles y en Florida. Es un ejemplo de especie amenazada que se adapta y prospera en un hábitat completamente nuevo. Espero que esto también sea cierto para los estudios literarios: a pesar de que la influencia de la literatura impresa ha disminuido, toda clase de formas narrativas han eclosionado en los videojuegos, los cómics, las series de televisión y las películas de animación.
De forma más general, he de decir que el poder de los estudios literarios es más claro allí donde se han desarrollado teorías, conceptos y herramientas que van más allá de las bellas letras; mi propio campo de especialización, la narratología, no se limita a la narrativa literaria, sino también incluye la narración oral e informal, la no ficción, los documentales y las nuevas formas de narración a través de los medios. Tal y como dijo Katherine Hayles: nos enfrentamos a una situación similar a la de Olivetti en los años ochenta, que tuvo que decidir entre ser una compañía de máquinas de mecanografía o ser una empresa que vendiera dispositivos de procesamiento de textos. Decidieron hacer lo primero… y ya sabes lo que ocurrió. Sería inteligente por parte de los expertos en literatura no cometer el mismo error.

A.L.: ¿Alguna novela en peligro de extinción que nos quiera recomendar?
U.K.: Hay que leer Nueva York 2140. La chica mecánica de Paolo Bacigalupi y Gold Fame Citrus de Claire Vaye Watkinsare también son novelas especulativas fantásticas con una dimensión ambiental considerable. Adoro la obra de Jeff Vandermeer y su fuerte disolución de las fronteras entre naturaleza y tecnología, pero la trilogía de Southern Reach y Borne me generaron dudas sobre cómo discutir sus obras en conversaciones sobre los problemas ambientales del mundo real.
En cierto modo, ese es el problema al que nos enfrentamos con el concepto de antropoceno: ¿Cómo pensamos y actuamos en un entorno global que ha sido alterado en varios grados por la intervención humana? ¿Qué tipo de acciones podríamos aceptar? ¿Cuáles toleramos y cuáles rechazamos? Hablo en primera persona del plural para referirme al movimiento ambientalista, el cual se ha expandido muchísimo desde principios de los años sesenta y ahora mismo incluye una gran variedad de formas de pensar en las distintas comunidades. Creo que explorar esas diferencias culturales en su contacto con el cambio medioambiental es uno de los desafíos más estimulantes para el ambientalismo.

Domingo 3 de septiembre de 2017

miércoles, 28 de junio de 2017

LAS ONCE DIMENSIONES DEL CEREBRO: ENTREVISTA CON KATHRYN HESS BELLWALD

Doctora en matemáticas por el MIT y profesora en la Escuela Politécnica de Lausana. Su especialidad es la teoría de categorías y la teoría de la homotopía. Su nombre saltó recientemente a los medios de comunicación porque su grupo de investigación había publicado que el cerebro funciona con estructuras realmente complejas e inesperadas de hasta once dimensiones.

A.L.: Muchos periodistas han publicado que el cerebro tiene hasta once dimensiones. Me gustaría que aclarara esa afirmación porque algunos incluso hablan del multiverso de la mente y sospecho que la investigación que han realizado es algo totalmente diferente. Dudo que guarde mucha relación con las once dimensiones de la teoría de cuerdas de la física.

KATHRYN HESS: Dentro del microcircuito reconstruido del Blue Brain [el proyecto Cerebro Azul estudia la estructura del cerebro creando una simulación de todo el cerebro a nivel molecular] descubrimos patrones intrincados de conectividad que pueden representarse como objetos matemáticos multidimensionales. Los ladrillos de esas estructuras consisten en familias de hasta ocho neuronas que están conectadas por pares; se tiene en cuenta la dirección de las conexiones de tal forma que la familia al completo transmite información de forma inequívoca desde el canal de entrada al de salida. Esas familias de neuronas, que llamamos “hermandades” [clique], pueden representarse geométricamente como puntos (una neurona), segmentos (dos neuronas conectadas), triángulos (tres neuronas que están conectadas por pares), tetraedros (cuatro neuronas que están conectados por pares), etcétera. Las hermandades interactúan para formar “cavidades” o “agujeros” en la estructura, como por ejemplo tres segmentos de líneas que unen sus extremos para crear un bucle u objetos análogos de mayor dimensión.
La noción de “once dimensiones” que captó la atención de Internet se refiere simplemente a una representación geométrica de una familia de doce neuronas que están conectadas por pares. La hermandad de mayor dimensión que hemos observado hasta ahora es solo de siete dimensiones (compuesta por ocho neuronas). Tenemos razones para creer que cuando miremos en redes más extensas que la que hemos estudiado hasta ahora (y cuando la red misma se refine para estar aún más cerca de la biología), encontraremos hermandades más grandes. Está por ver si las de once dimensiones serán las más grandes que observemos. Yo espero que en realidad demos con hermandades aún mayores, así que no creo que la estructura que hemos descubierto tenga ninguna conexión con la teoría de cuerdas.

A.L.: ¿A qué os referís cuando decís que habéis hallado un mundo que nunca imaginasteis?
K.H.: Uno de los misterios centrales de la neurociencia es cómo la estructura del cerebro moldea su actividad. Las conexiones entre las neuronas del cerebro tienen una estructura increíblemente intrincada, de ahí la dificultad para proporcionar una descripción global cuantitativa. Los disparos neuronales como reacción a los estímulos son, si cabe, aún más complejos. Al examinar la estructura y la actividad mediante la topología algebraica fuimos capaces de detectar y describir cuantitativamente una estructura oculta muy organizada y detallada de lo que parecían patrones muy caóticos, así como discernir una imagen de la estructura de la conectividad de un circuito neuronal cuando responde a los estímulos, algo que era invisible hasta que usamos este filtro matemático concreto.
Lo que hemos llamado “castillo de arena” es la fascinante estructura que el cerebro construye cuando procesa información. Es una imagen geométrica con un grado creciente de coordinación y organización del disparo neuronal cuando el cerebro reacciona a un estímulo, y esta se desvanece abruptamente cuando termina el procesamiento. El patrón de respuesta estereotípico que descubrimos indica que el circuito siempre responde al estímulo construyendo una secuencia de representaciones geométricas que empieza en dimensiones bajas y progresivamente se añaden dimensiones más altas hasta que el crecimiento se detiene repentinamente y por último colapsa. Es una firma matemática para las reacciones a los estímulos.
El modo en que las neuronas se conectan entre sí o la forma en que disparan solo cobran pleno sentido cuando su estructura y su actividad están cartografiadas en una representación de muchas dimensiones, por lo que la estructura del cerebro o su actividad con representaciones de dimensiones bajas (por ejemplo, índices de disparo, tiempos, correlaciones, sincronía, etcétera) son solo la sombra de la actividad real. En cierto modo, nuestros descubrimientos pueden explicar por qué ha sido tan difícil entender la relación entre la estructura del cerebro y su actividad.

A.L.: ¿Cómo definiría el microconectoma? ¿Y las redes de “mundo pequeño”?

K.H.: El microconectoma es la red (o gráfico) que subyace a la reconstrucción digital del proyecto Cerebro Azul de un microcircuito en la corteza somatosensorial de una rata de catorce días, un modelo de ordenador basado en datos fisiológicos y en principios organizativos biológicos y que contiene treinta y un mil neuronas y ocho millones de conexiones.
Se dice que una red es un mundo pequeño si manifiesta tanto un alto nivel de agrupamiento local entre sus nodos como unas rutas relativamente cortas entre los grupos locales. Cada par de nodos está ligado por un número relativamente pequeño de pasos, incluso aunque la mayoría de los nodos tengan pocas conexiones de un solo paso con otros nodos. Muchos neurocientíficos creen que el conectoma del cerebro muestra propiedades de mundo pequeño con la finalidad de minimizar el coste material y energético relacionado con las largas proyecciones neuronales durante la evolución y la actividad del cerebro.
No hemos explorado la relación que hay entre los descubrimientos de nuestro artículo y el mundo pequeño del microconectoma, algo que ha sido confirmado en un estudio reciente publicado en Nature Neuroscience por Reimann et al.

A.L.: ¿Cuál es el siguiente paso en su investigación y a qué campos se podría aplicar?
K.H.: En futuras investigaciones estudiaremos el papel de la plasticidad (el fortalecimiento y debilitamiento de las conexiones como respuesta a los estímulos) con las herramientas de la topología algebraica. La plasticidad es fundamental para el misterioso proceso de aprendizaje y esperemos que sea posible proporcionar nuevos conocimientos sobre este fenómeno.
Tenemos una gran beca INCITE para llevar a cabo estas simulaciones en los superordenadores estadounidenses del Argonne National Labs. Nuestro objetivo es comprender qué le ocurre a la red y a la arquitectura sináptica durante el aprendizaje. Intentaremos responder a preguntas como: ¿Produce el aprendizaje estructuras topológicas de dimensiones más altas? ¿Cuáles son las implicaciones para la estructura de la red cuando hay una coordinación global del peso sináptico? ¿Podemos precisar dónde descansa la memoria proyectando cambios sinápticos en una representación geométrica de dimensión alta?
Si alcanzamos a largo plazo una comprensión profunda del patrón de respuesta normal a un estímulo y lo expresamos en el lenguaje de la topología algebraica, quizás podríamos usar ese conocimiento para detectar y cuantificar patologías cerebrales como las de las enfermedades neurodegenerativas.

A.L.: Para terminar, quisiera preguntarle si entiende las matemáticas como un todo integrado o si estas se parecen cada vez más a una disciplina con campos divergentes.
K.H.: Las matemáticas son un campo de investigación muy amplio. Me temo que los matemáticos que pueden ver “el cuadro completo” son muy pocos. Ten por seguro que yo no me encuentro entre ellos. Por otro lado, creo que es importante estar al tanto de los grandes desarrollos de nuestro ámbito, como por ejemplo la reciente solución al problema del empaquetamiento de esferas, así como cooperar con diferentes áreas de las matemáticas y lograr la interdisciplinariedad.

28 de junio de 2017

jueves, 1 de junio de 2017

Wikileaks revela "Pandemic", el virus de la CIA

Esta información está íntegramente sacada de aquí:

Hace tres años la CIA creó un malware llamado Pandemic, más inteligente que Wannacry, que usa las redes de empresas, hospitales y universidades para difundirse. No se debía saber hasta el 2064. Se llama Pandemic, un nombre que no requiere gran imaginación. El virus creado por la Agencia Central de Inteligencia, debería permanecer secreta por cincuenta años. Sin embargo, hoy lo revela. Se trata de documentos particularmente significativos.

El pánico desencadenado por “Wannacry” que hace tres semanas infectó decenas de miles de computadoras en todo el mundo, y que presenta características comunes con Pandemic.

¿Qué es Pandemic? Es un software maligno (malware) creado por primera vez por la CIA en el 2014, que golpea las computadoras con sistema operativo Windows, aprovechándose de las redes locales (Lan), (es el protocolo SMB usado para compartir archivos, impresiones y otras operaciones sobre la red Lan) aquellas que se encuentran comúnmente en: las empresas, universidades, redacciones de periódicos, hospitales.

Las informaciones contenidas en manuales revelados de WikiLeaks son extremadamente técnicas, pero el concepto en base de este instrumento, es simple: para difundirse, la pandemia debe infectar “el archivo del servidor”, es decir el servidor de las redes utilizado para descargar archivos empresariales y también actualizaciones del software y de los antivirus. Es aquella máquina que normalmente, se conectan los usuarios de la Lan para hacer la descarga de programas y de documentaciones de varios tipos. Una vez que Pandemic lo ha afectado, quien prueba descargar un archivo recibe “una sopresa”: en vez de la actualización o del documento legítimo, Pandemic les envía el malware y así los contagia, difundiendo la infección.

Las características que unen Wannacry y Pandemic son evidentes: ambos tienen en la mira a las PC con sistema operativo Windows, se difunden en redes locales y usan el protocolo SMB, pero Pandemic demuestra un instrumento inteligente y versátil. A diferencia de Wannacry, que es simplemente un ransomware, es decir un software que encripta los archivos de la computadora infectadas y pide un rescate por decifrarlas y se limita en replicarse aprovechándose de una vulnerabilidad de SMB, Pandemic permite instalar tantos tipos de malware en la computadora en la cual se difunde y accede excluyendo ciertos grupos del virus, por ejemplo dejando afuera al administrador del sistema de las redes, de modo que esté último no note la infección o por lo menos no se nota al principio, dando así a Pandemic el tiempo para expanderse.

Los documentos secretos revelados hoy por WikiLeaks son manuales técnicos: publicarlos no es peligroso, en el sentido que no se trata de malware que podría ser utilizado por criminales y espías. Al contrario, ahora que son del dominio público, ahora, las empresas de antivirus tienen a mano informaciones técnicas precisas para revelar este software maligno y actualizar los sistemas a modo de neutralizarlo.

Pandemic es más difícil de contrarrestar que el ransomware que ha creado pánico en todo el mundo; para debilitar este último bastaba reparar la vulnerabilidad del protocolo SMB que el ransomware se aprovechaba, para Pandemic esta solución no funciona, porque no se aprovecha del protocolo.

Para contrarrestarlo, es necesario especificar el malware en la máquina sobre el cual se ha instalado y estos manuales ayudan a hacerlo, porque revelan que es Pandemic y cómo funciona.

Pandemic es una de las cyber armas de la Agencia Central de Inteligencia contenidas en la enorme base de datos Vault 7, que Wikileaks ha iniciado a revelar en Marzo pasado, generando el enojo de la CIA, pero realmente la confrontación entre WannaCry y los instrumentos de Vault 7, nos permite de entender las operaciones que está haciendo la organización de Julian Assange.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

ENTREVISTA CON GRANT HAMILTON

Profesión: Profesor adjunto de la Universidad China de Hong Kong
Obras destacadas: The World of Failing Machines
Palabras clave: realismo especulativo, no humanos, crítica literaria
Fecha de realización: 9 de noviembre de 2016

ANDRÉS LOMEÑA: Su libro The World of Failing Machines resume cómo sería una crítica literaria practicada desde el llamado realismo especulativo: 1) Rechazo a la idea de una lectura privilegiada 2) No dejarse seducir por nuestro adiestramiento a la hora de interpretar un texto 3) Experimentar con los textos 4) Seguir los efectos liberados por tu máquina de lectura 5) Especular y crear. ¿Nos podría clarificar estos puntos?
GRANT HAMILTON: Creo que dotar a esas ideas de la profundidad que merecen me obligaría a escribir otro libro. Lo mejor será que hable del espíritu de esas palabras. Esas cinco rutas conducen hacia el empoderamiento del lector durante el proceso de lectura. Para hacer eso, tenemos que volver a aprender cómo valorar nuestras respuestas a un poema o una novela (independientemente de las respuestas de los demás). Esto no equivale a decir que hay que ignorar deliberadamente lo que otros han dicho sobre un texto; simplemente consiste en decir que uno ha de tener confianza para respetar su propia reacción al texto.
Una forma de empezar a explorar el terreno de nuestras reacciones frente al texto es experimentar con él. Deberíamos sentirnos libres para hacer lo que queramos con el texto. Podemos, por ejemplo, poner un texto junto a otro fragmento de escritura que aparentemente no guarda relación y ver qué transpiran. Lo que surge, por ejemplo, si leemos a Johann Wolfgang von Goethe a través del físico austriaco Ludwig Boltzmann. Este estilo experimental de lectura no tiene nada que ver con el acto de interpretación, es decir, no guarda relación con el intento de desentrañar el llamado “significado” de una novela. Es un modo de lectura que exige al lector que preste atención a lo que surge de esas conversaciones entre autores. En el mejor de los casos, aquellos que sigan una estrategia de lectura experimental como esta percibirán nuevos conceptos en el libro. Cuando esto ocurre, la lectura ha sido verdaderamente creativa. Así es como uno especula y crea en el acto de la crítica literaria.

A.L.: Ha usado el simbolismo francés como ejemplo para hablar del realismo especulativo. Cita el poema The Sky de Mallarmé, donde detectamos una separación entre las palabras y el mundo. ¿Es el realismo especulativo de la literatura una nueva forma de decir que el lenguaje no es suficiente para describir el mundo?
G.H.: Sí, el lenguaje falla en su búsqueda de alcanzar lo real, pero esto no es nada nuevo. Ferdinand de Saussure mostró a sus estudiantes la arbitrariedad del lenguaje hace cien años. Lo que nos mostraron los simbolistas franceses es que ni siquiera la voz poética tenía acceso a los aspectos esenciales del mundo. Por eso Mallarmé se vuelve tan furioso al final del poema y grita: “¡El Cielo! ¡El Cielo! ¡El Cielo! ¡El Cielo!” Tienes a un hombre con un control supremo sobre el lenguaje, pero ese control no le permite articular el carácter esencial de los objetos cotidianos. Podría haberse ensañado con el Sol, con un árbol, con un gato o con cualquier otro objeto del mundo. La cuestión es que esa incapacidad para describir el mundo no es un fracaso de Mallarmé, sino la consecuencia de la constitución del lenguaje. Para mí, los idiomas son sistemas de simulacro. Y es precisamente por este motivo por el que constantemente olvidamos que no guardan una relación directa con la realidad íntima del mundo que nos rodea. El lenguaje escrito no es distinto, así que tenemos que aceptar de buena gana la provisionalidad de todas nuestras articulaciones.

A.L.: Levi Bryant ha distinguido cuatro tipos de objetos: objetos brillantes (como los móviles), objetos débiles (como los inmigrantes, los minusválidos, etcétera), objetos oscuros (entes que aún no han sido registrados, pero que podrían existir) y objetos traviesos (las revoluciones u otras dinámicas inesperadas). ¿Considera útil esta clasificación? ¿Cómo podemos rastrear los (hiper)objetos literarios?
G.H.: Soy un gran seguidor de la obra de Levi Bryant. Quizás la razón principal de esta admiración sea que ambos compartimos un enorme interés por la obra de Gilles Deleuze. La taxonomía que él ha desarrollado para los objetos es muy provocadora, pero complica excesivamente la discusión para un teórico de la literatura. Me interesa sobre todo averiguar qué tipo de objeto es un texto literario y para responder a esa pregunta creo que hay que prestar menos atención a la distinción entre objetos “débiles” y “oscuros” de la que concedemos a la distinción entre los objetos corpóreos e incorpóreos. Siguiendo a Bryant (y a Deleuze), yo preferiría hablar de “máquinas” más que de objetos. Para mí, la obra literaria que tenemos en las manos es una máquina corpórea. El libro es el hecho material de algo más y ese “suplemento” es la máquina incorpórea que habitualmente llamamos “texto literario”. La mejor manera de entenderlo es reconocer que aunque tenga una novela de Umberto Eco en mis manos, esta es simplemente una copia de otras miles que se vendieron en el mundo. El libro que tengo solo es una simple repetición de un texto literario que puede ser reimpreso siempre que se quiera. En este sentido, los textos literarios son como una fuerza espectral que constantemente persiguen un cuerpo (un libro físico) para habitarlo.
La relación de todo esto con la noción de “hiperobjeto” de Timothy Morton es una pregunta realmente interesante, pero me volvería a llevar una cantidad sustancial de tiempo responderla de un modo significativo. Dicho esto, Morton asegura que experimentamos la “no localidad” de los hiperobjetos de una forma muy particular, lo que lleva a toda suerte de preguntas interesantes para hacernos sobre la dinámica de la obra literaria y sobre el acto de la crítica literaria.

A.L.: ¿Qué espera de la crítica realista especulativa? Universes without us de Matthew A. Taylor parece un gran comienzo.
G.H.: ¡Desde luego! Taylor expone los peligros de una conciencia humana que busca excederse hasta abarcar toda la vida. Él restablece la distancia entre objetos (entre el mundo y el yo) como una medida para advertirnos sobre nuestro impulso fascista a la unidad (que deberíamos interpretar como la “no diferencia”). El resultado es que recuperamos la habilidad de respirar de nuevo como sujetos que se han dado cuenta de su verdadero lugar en el mundo. En este sentido, el libro de Taylor es un ejemplo realmente interesante sobre cómo un crítico literario puede comprender y responder a los asuntos planteados por el pensamiento del realismo especulativo. Evan Gottlieb es otro escritor que podríamos traer a colación (también Graham Harman, Timothy Morton y Quentin Meillassoux han escrito artículos de crítica literaria muy interesantes).
Lo que intento discutir en mi libro es que si alguien desea ver de verdad hasta dónde llega el realismo especulativo en la crítica literaria, uno tiene que plantearse el propio acto de la crítica. Hay que repensar las ideas y la dimensión de la crítica literaria tal y como se practica hoy en día. Por ejemplo, ¿qué relación hay entre el análisis literario y la verdad? ¿Qué tipo de pensamientos se rechazan en la misma forma del ensayo crítico? Tenemos que aprender a escribir un tipo de ensayo muy diferente al que nos han enseñado en la escuela para poder elaborar respuestas productivas a nuestra lectura experimental de los textos. Debemos aprender a escribir “crítica creativa”, una forma de crítica que reconozca la manera en que el lector se convierte en escritor en el acto de la crítica. Los ensayos idiosincrásicos y caprichosos del siglo XVI del pensador francés Michel de Montaigne nos dan una visión de cómo podría ser esa crítica literaria. En cualquier caso, la obra de Montaigne no debería considerarse arquetípica. Los críticos literarios deberían producir sus propios estilos en el acto de la crítica. Mi esperanza en el realismo especulativo consiste en que la crítica sea una crítica creativa.

A.L.: Quisiera preguntarle por la teoría de los mundos posibles de críticos como Lubomír Dolezel o Thomas Pavel. Los mundos ficcionales, según estos pioneros, siempre son incompletos y ontológicamente homogéneos. ¿Ha pensado alguna vez en esta conexión?
G.H.: No es una área en la que me haya detenido, pero por lo que describes sospecho que encontraría un alto grado de simetría entre la posición de Dolezel o Pavel y la mía. Me entusiasma defender la parte ficcional de la ficción literaria. Sin embargo, eso no equivale a negar el poder que tiene la literatura de afectar al lector de manera profunda. De hecho, una de las dinámicas más sugerentes de la literatura consiste en averiguar cómo esas pequeñas manchas de tinta de una página pueden tener un efecto radical en las personas. ¿Cómo es que los gobiernos prohíben libros? ¿Cuál es el objetivo real de la censura? Esas acciones nos cuentan mejor que ninguna otra cosa lo vital que resulta la literatura para la sociedad.

A.L.: Graham Harman eligió a Lovecraft como su modelo de realismo extraño. También, aunque en menor medida, a Drácula o a las brujas de Macbeth. Mis modelos serían Jeff Vandermeer (el autor de la trilogía Southern Reach) y Kim Stanley Robinson (el autor de la trilogía de Marte o Aurora). ¿Cuál sería su recomendación? ¿Ballard, quizás?
G.H.: Ballard es un gran escritor y alguien por el que tengo el respeto más elevado. Dada su altura en la literatura inglesa, me sorprendería que alguien no pudiera hacer una lectura realista especulativa de su ficción en el futuro próximo. No obstante, habría que advertir contra la tentación de desarrollar un canon de literatura realista especulativa. Preferiría pensar en el realismo especulativo como una técnica que proporciona herramientas y lenguaje para reconectar con la literatura que todos pensábamos que ya conocíamos.
Hemos hablado del libro de Taylor, pero no he dicho aún que él nos ofrece algunas ideas interesantes para discutir el canon de la literatura norteamericana. Esa es la característica más destacable de su obra porque nos muestra con claridad que si leemos y mantenemos un respeto básico por los principios del realismo especulativo, uno sale (potencialmente) recompensado con un tipo de literatura muy diferente. Por decirlo de forma sencilla, el realismo especulativo será más valioso para los estudios literarios como metodología que como una manera de cristalizar un corpus de obras literarias. De manera modesta, espero que mi libro haga un poco más visible esa metodología. Mi propuesta es que el crítico literario pueda hacer uso de esa metodología para ver qué tipo de ideas y conceptos emergen de este encuentro revitalizado con la literatura.